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DVDSCR La Violencia En Los Medios Predice A Un Adulto Joven Agresivo

sí, por bien poco dinero: verdad es que si le pidiéramos mucho, el infeliz no podría dárnoslo, porque no lo tiene. Y no es porque haya nacido de las yerbas del campo, pues su familia a un buen solar de tierra de Salamanca pertenece: sólo que como no es primogénito. su padre se empeñó en dedicarle a la Iglesia, y el pobre chico no tenía afición de misacantano. Estábamos doña Gregoria y yo enfrascados en este coloquio que no dejaba de interesarme, cuando volviendo de su oficina D. Santiago Fernández, quitose gravemente el pesado uniforme, que su consorte colgó en la percha no lejos de la amenazadora lanza, y se dispuso a comer: -Grandes noticias te traigo, mujer -dijo con retozona sonrisa, sentado ya en el sillón de cuero y conambas manos posadas en las respectivas rodillas, mientras con lento compás movía el cuerpo-. Te vas a poner más contenta. -No puede ser sino que el Gran Duque ha reventado ya de los cólicos que padecía. -No, no es eso, mujer. ¿Quién te dijo que Navalagamella le había declarado la guerra a la canalla? No es Navalagamella sólo, mujer, es Asturias, León, Galicia, Valencia, Toledo, Burgos, Valladolid, y se cree que también Sevilla, Badajoz, Granada y Cádiz. En la oficina lo han dicho, y si vieras cómo están todos bailando de contento. Oficial conozco que no ha dormido en toda la noche esperando el correo, y si supieras, mujer. A ti te lo puedo decir, y no importa que lo oiga este chico. Oye, oíd los dos: muchos oficiales se han fugado, sin que en los cuarteles, ni en sus casas se sepa dónde están. Y dirás tú, «¿pues dónde están? Yo lo sé, sí señora, yo lo sé: se han ido a unirse a los ejércitos españoles que se están formando.

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28 min Como Darle Un Orgasmo Anal ¿por ella? La trágica sospecha íbala envolviendo poco a poco. -¡Señorita, dicen que mañana llega la madre de ese joven! ¡Dicen que está muriendo y que. Era Martina, que entraba con un plato y con la especie de horror de no sabríase cuál noticia acabada de aprender de otros criados o de las gentes de la calle. Esto lo vio claro Inés en la muchacha. ¿Qué dicen? -la excitó. -¿Que no se trata de ninguna cacería, no es eso? ¡Que es que el señor se ha peleado con el otro! ¿por qué, Martina? ¿Por quién, dicen? -¡Por usted! -¿Por mí?

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107 min Howard Stern Lesbianas Hermanas Jade Taylor

57 min Howard Stern Lesbianas Hermanas Jade Taylor Continuó el silencio, uno de esos silencios que parecen anunciar el desplome del mundo. -Presentación, ¿es a ti? Asunción, ¿es a ti? Inés, ¿es a ti? Responded al momento. ¡Señor misericordioso! ¡Si alguna de mis hijas, si alguien nacido de mis entrañas ha dado motivo para que un hombre le dirija estas palabras, prefiero que muera ahora mismo, y yo detrás, antes que tolerar tal deshonra! La imprecación retumbó en la sala como una voz de los pasados siglos que clamaba en defensa de cien generaciones ultrajadas. Oyéronse luego llantos comprimidos y el resoplido de D. Paco, que así desfogaba los ardores de su corazón, inflamado ya por nobles impulsos de generosidad. -Señora -dijo moqueando y babeando- perdone usía a las niñas. Eso no habrá sido nada. Tal vez un tuno que pasó por la calle. Ellas se han estado muy calladitas. -Se me figura -dijo doña María sin perder la dignidad en su cólera- que no tendré que hacer grandes averiguaciones para saber quién ha motivado esta amorosa epístola. Tú, Inés, tú has sido. Hace tiempo que sospechaba esto.

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H.264 Soy Un Hombre Buscando Una Mujer Madura

13 min Soy Un Hombre Buscando Una Mujer Madura Andado habían hasta las doce, sin encontrar alma viviente, hora en que desembocaban en el camino real. Los primeros con quienes toparon fueron una vieja, dos muchachas y un mozo hercúleo, muy listo y despierto. No hubiera sido posible que don Quijote dejara de preguntarles quiénes eran y adónde iban. La vieja respondió que la necesidad de sus negocios la llevaba con su hijo y sus sobrinas a un pueblo a cuatro leguas de allí. Mientras don Quijote estaba hablando con las mujeres, Sancho se había desmontado sin decir palabra, y arremetiendo con el mozo le asió por el pescuezo y se echó a gritar: -¡Favor al rey! ¡Aquí de la Justicia! El hombre, que se vio tratar así de un bonachón como ése, le tomó por los fondillos, y volteándolo patas arriba holgadamente, dio con él de cabeza en el suelo. Como don Quijote embistiese lanza en ristre al enemigo de su escudero, mostró el perillán las herraduras con tal presteza, que ni sobre hipogrifo le alcanzara el valeroso manchego. Con todo, apretó el caballero las espuelas, y se iba tras el fugitivo, cuando sus pecados, o los de Rocinante, hicieron que éste se fuese de bruces, dando con el jinete por las orejas en el polvo. Como el barragán no anduviese a gran distancia, volvió sobre el caído y se puso a darle mil vueltas sobre el mismo, poniéndole, cuándo boca arriba, cuándo boca abajo, en rotación asaz curiosa y divertida, y se alejó sin gran miedo de esos valerosos señores. Don Quijote le estaba llamando y desafiando en muy fuertes razones: -¡Non fuyas nin te escondas, cautivo! ¡Conoce tu pecado, malandrín! Alcanzó a ponerse en pie, después de mucho trabajo, montó como pudo, y con gentil continente, lleno de valor y poderío, se fue para donde habían quedado la vieja, su comparsa y su buen escudero. Hallolos asidos a una maleta, mochila o fardel, bregando las mujeres por defender esa quisicosa, y Sancho por arrancársela, con la más extraña porfía. -Sepamos de lo que se trata y lo que significa este concurso de manos -dijo. -Este hombre -respondió la vieja-, o más bien este demonio, quiere hacerse pago con nuestro ajuar de no sé qué alforjas que le han robado el año de cuarenta. -«Ningún home -dijo don Quijote, con los estatutos de la caballería- faga algravio a viuda, dueña ni doncella fijodalgo, aunque ellas estén contra él; ca non es de los fuertes el fascer sentir su poder a esos seres débiles y para poco.

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300 mb Chicos Coreanos Desnudos Chicos Chicos y bien lo sabes tú. -No lo dirás por los memoriales que te he echado. -¡Ay, Tasia! ¡Con el primero te sobraba! Dígolo porque no me come la fantasía. ¡Más me comen otros resquemores! -La que te parió que te entienda, Macabeo. -Me parece que bien claro lo pongo, caráspitis. ¿Vas al resallo, Tasia? -No, ¡que iré a rozar! -Sin sallar tengo yo la heredá del Regato entoavía, ¡y alguna más que no digo! -¡Y luego saltarás si te ponen el ramo, como antaño! -Enquina fue, y no otra cosa, Tasia; y maldá sería en el presente si tal pasara. Soledá y desavíos me atrasaron la labor entonces, y penas y laberintos de esta clase me traen ahora como estorneja días y semanas. ¿Y qué hacer? El pan comido tira siempre hacia quien lo dio; y, por otra parte, aquí están los míos, aunque ellos estén altos y yo en el estragal. ¡Ay, Tasia qué solo me veo!

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79 min Gran Desnudo Reclinado Por Henri Matisse -¿Y cómo si han sacado? -replicó el bachiller-; la sumidura de a cuatro dedos que se me encuentra en la costilla, ¿es o no del bachiller Sansón Carrasco? ¡Miefé, señor compadre, nunca yo pensara que con tal ímpetu y furia acometiera don Quijote, que de una embestida diera conmigo en el suelo! Si los encantadores no me acorren y amparan en ese duro trance, a la hora esta vuesa merced estuviera haciendo mis exequias. A nada menos procedía el vencedor que a segarme la gola, cuando me vio supino y sin movimiento. -¿En qué forma acudieron esos buenos encantadores, señor bachiller? -preguntó maese Nicolás. -En forma de decir a la imaginación de don Quijote que ellos me habían transmutado de Caballero de los Espejos en bachiller Sansón Carrasco por defraudarle la gloria del triunfo. ¿Y creerán vuesas mercedes que ese bobalicón de Sancho Panza era el empeñado en darme el trampazo, urgiendo a su amo por que me envasase la espada, a efecto de que se viese si verdaderamente era yo el bachiller, o un enemigo disfrazado con mi pellejo? -¡Dios le perdone! -exclamó el cura-. Así vuesa merced se vio entre la espada y la pared. -No había remedio -contestó el bachiller-: o juraba yo ir a presentarme a la señora Dulcinea y derribarme a sus pies, o entregaba el alma al diablo. Tengan vuesas mercedes por sin duda que el loco me mata si no prometo cumplir sus órdenes al pie de la letra. -¿Hace vuesa merced punto de conciencia el cumplirlas? -preguntó maese Nicolás-: por lo menos es cierto que el señor bachiller no se quedará con la sumidura que dice. -Si fuera un rasguño de ningún mérito, no me quedara tampoco -respondió el bachiller-.

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102 min Fotos De Desnudos Oif Lily St Cyr No me quemes la sangre, no contradigas a tu madre, que se ha desvivido por educarte, por hacer de ti un hombre recto y juicioso como tu padre, y como todos los Guerras y Monegros del mundo. Si no te escucho; si no quiere saber tus razones estúpidas; si no cedo un ápice de mis convicciones; si eres un simple, y un loco, y un disoluto, y ante mí tu papel es callar y bajar la cabeza, y no hacer ni pensar sino lo que yo te mande que pienses y hagas. Con todo este poder imaginativo iba Guerra componiendo previamente la terrible filípica de su madre, calcada en las que infinitas veces había oído de sus labios. Tan seguro estaba de que doña Sales le hablaría conforme al patrón o modelo de rúbrica, que lo hubiera escrito de antemano; por vía de prueba, seguro de que la realidad no habría de diferir de la ficción sino en palabra de más o de menos. Pero al fin le venció el cansancio, y se quedó dormido con ese letargo tenebroso, abrumador y calenturiento, que parece el último período de una fuerte borrachera. Primeramente, soñó que andaba por los últimos pisos de una casa en construcción, saltando de viga en viga, por entre las cuales se veían los pisos inferiores. Todo ello, a izquierda y derecha, era como inmensa jaula de maderos, algunos rodeados de sogas. Ángel corría y saltaba, movido de un hondo afán inexplicable. De pronto le faltaba el piso, sus pies quedábanse en el aire y caía, sin que la velocidad le impidiera razonar aquel viaje aéreo, contando los pisos que recorría, tercero, segundo, principal, bajo, y calculando rápidamente la manera de caer para no estrellarse. Pero esto no le salvaba, y con la violencia del choque las piernas se le embutían dentro del cuerpo, sentía los fémures penetrando al través del estómago y pulmones y saliendo por los hombros como charreteras. Este sueño sin relación alguna con la vida real, solía tenerlo Guerra cuando su cerebro se excitaba por vivas impresiones deprimentes, caso muy común, pues cada persona tiene su manera especial de soñar, y su pesadilla que podríamos llamar constitutiva. Hay quien sueña que va por galería interminable, buscando una puerta que no encuentra nunca; hay quien se cae en un pozo, y quien corre desalado tras su propia sombra llevando los pies metidos en los bolsillos. Pero además de aquel sueño de la caída, Guerra solía tener otro, relacionado con una impresión real de su niñez, de la cual quedara profunda huella en su mente, como esas cicatrices que por toda la vida conservan en la piel la desgarradura del tejido. Un día de Julio del 66, teniendo Ángel doce o trece años, se fue de paseo con otros chiquillos de su edad, compañeros de instituto. Concluidos los exámenes, entretenían sus ocios en largas correrías por el Retiro y Castellana, hablando pestes de los profesores, o discurriendo alguna desabrida y fútil travesura, propia de la edad del pavo. ¿A dónde irían aquella mañana?

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28 min Ameture Home Made Sex Galleries Video Rebañando en mis vagos recuerdos hablé del Rey de Romanos, del entronque de la Casa de Borgoña con la de Castilla, de doña Juana la Loca, del Emperador Carlos V, de su hermano don Fernando, heredero de la Corona imperial, y luego de toda la serie de Hapsburgos y Hapsburgos-Lorenas hasta la familia reinante a la sazón en Austria. Aquel verano nos arrastró a San Sebastián y a sus baños de ola la Condesa de Casa Pampliega. No me pesó ir con Segis y su madre, porque así nos dimos el pisto de veranear en el sitio de moda y de refrescar nuestra sangre con las aguas cantábricas. Fueron muy de mi gusto la frescura del ambiente, la belleza del país, la cultura de la ciudad, la buena educación de sus habitantes. En cambio, no me hizo maldita gracia la sociedad que allí se congregaba, que era la misma gente frívola de Madrid, con sus cargantes etiqueteos, sus rutinas y su cursilería. Al volver a la Villa y Corte me encontré sorprendido por el fausto suceso del alumbramiento de la Reina María Cristina, en 11 de Septiembre. El parto fue muy feliz, según los luminosos dictámenes de la Facultad de Medicina de la Real Cámara y los concienzudos informes de la Prensa. Mas como vino al mundo una niña, quedaron chasqueados y cariacontecidos los que esperaban anhelantes sucesión masculina para la Corona de España. Apenas nacida la tierna criatura, descendiente de tantos Reyes y Emperadores, su dorada cuna se meció en un campo de Agramante, por el recio altercado que sostuvieron políticos y palatinos sobre si correspondía o no a la nueva Infanta el título de Princesa de Asturias. Contra el sentir general, Cánovas sostuvo la negativa, robusteciéndola con los grandes elementos de su vasta erudición. El heráldico litigio encendió los ánimos de toda la gente ociosa y formulista, y nunca hubiera terminado a no cortar la cuestión Alfonso XII con fallo inapelable. Mayores disturbios y disputas más agrias produjeron las ridículas cuestiones de etiqueta suscitadas en las solemnidades de la presentación y bautizo de la Infanta, a quien dieron el nombre de María de las Mercedes. Los Cardenales Moreno, Primado de las Españas, y Benavides, Patriarca de las Indias, se tiraron las mitras a la cabeza -valga la figura- por si correspondía al uno o al otro el honor de administrar el Sacramento. Ambos Prelados y sus parciales se lanzaron a enfadosas polémicas en lo restante del año 80, sosteniendo cada cual sus pretendidos derechos. Contienda tan ridícula no había yo visto en mi vida. Me divirtió de lo lindo. Pero aún me regocijó más el enojo de los Capitanes Generales porque, habiendo tomado asiento en no sé qué banco preferente de la Real Capilla, un palatino obligoles a cambiar de sitio diciendo que aquel era el puesto de los mitrados.

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250 mb Planea Un Fin De Semana Sexy Con Tu Esposo -Siempre han vivido allí las cabezas de la casa de Guevara -respondió Clemencia-: ¿por qué motivo exigiría yo una mudanza de domicilio que no deseo, y que no agradaría a mi marido, sobre todo gustándome con pasión el campo? -Pero eso es enterrarse en vida -exclamó Alegría horripilándose. -Si se entierra la mujer que se propone vivir en el hogar de sus mayores al lado del esposo a quien ama, y dedicarse allí a criar los hijos que Dios les diere, creo, Alegría, que toda buena casada vestirá con alborozo la mortaja de esa sepultura. ¿piensas acaso que la mujer al tomar estado sigue la senda natural y derecha, si en lugar de pensar en recogerse, en dedicarse a los santos y dulces deberes de esposa y madre, reniega de ellos y sólo piensa en entregarse a las diversiones, al bullicio, al mundo exterior y a las distracciones? ¿Así truecas los frenos? ¿Así desvirtúas la santa misión de la mujer? -Novelerías morales -repuso Alegría-. ¡Con veinte y cinco mil duros de renta, vivir en un villorro! ¡Vamos, vamos! Eso es no es sólo chabacano, sino estúpido, y no se ve más que entre nosotros. -Te equivocas, Alegría; en todas partes, y sobre todo en Alemania, viven las familias nobles en sus estados o en sus haciendas, y sólo pasan temporadas en las capitales, en los sitios de baños o viajando; nosotros también pasaremos temporadas fuera, ya por semana santa en Sevilla, ya en el verano en los baños; pero abandonar la casa solariega, eso nunca: sería una falta de aprecio y amor filial a la familia, y una degeneración, pues no es noble el que es descastado. -Lo venidero no está escrito; le has tomado el gusto a Sevilla: veremos lo que sucede en comiéndote el pan de la boda; y si entonces piensas aún, a lo Butibamba, que es degenerar no vivir en un villorro. ¡Vaya, vaya! ¡yo que creí que los libros servían, no para fomentar, sino para desarraigar añejas preocupaciones! -La lectura bien dirigida, prima, sirve para poner cada cosa en su lugar, y desterrando una necia vanidad, dar a las personas el decoro y dignidad que les son propias. Además, el pan de mi boda -añadió Clemencia con íntima satisfacción-, es el que se fabrica diariamente en gran cantidad en casa para nosotros, para los criados y dependientes de la casa y para los pobres, y cada año Dios renueva las cosechas: así pienso que durará mucho, Alegría.

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TVRIP Adolescentes En Tubo Rojo Haciendo Papi

15 min Adolescentes En Tubo Rojo Haciendo Papi No dejó de admirarse don Quijote cuando a la luz del día, que en largos rayos entraba por las rendijas de la puerta, se vio trincado al maderamen del aposento, que no tenía cielo raso, no a más de tres varas sobre el suelo, habiendo pensado hallarse en un palacio como el de la fada Morgaina o en el de la encantadora Melisa. A poco se cimbreó la tarima, y aflojadas las sogas con gran ruido de poleas, bajó rápidamente a tierra. Abriose la puerta de par en par, lo cual era ponerla franca y prevenir a los huéspedes que era tiempo de largarse. Mas por entonces no tenían éstos mucha prisa, y principió don Quijote su discurso matinal en los términos siguientes: -Pláceme hacerte relación de lo que me ha sucedido esta noche: la vi, Sancho, aspiré su aliento, me inebrié con las suaves y puras exhalaciones que toda ella despide como una planta del Indo o del país sabeo. ¿Cómo ponderar el conjunto de gracias que adornan su persona? ¿Cómo encarecer las sales de su espíritu? ¡Oh Sancho! Si antes de conocerla era yo su enamorado, mira lo que debo ser ahora que la conozco. -Dígame vuesa merced -preguntó Sancho-, ¿se contentó con verla y aspirarla? O no estuvieron solos vuesas mercedes, o el diablo andaba lejos de allí en cosa de más importancia. -Solos, Sancho, solos como Adán y Eva en el paraíso. -Luego no estuvieron tan solos, señor don Quijote, por que allí hubo un tercero que todo lo echó a perder. Si la señora estaba tan zalamera como vuesa merced dice, algo había, en la trastienda. Can que mucho lame, saca sangre, señor. -No podría yo decirte -repuso don Quijote- si estuvimos libres de una inquietud gratísima; mas sí puedo sostener que ni el enemigo en forma de serpiente es capaz de batir en ruina el muro de pudor y vergüenza que se levanta entre esa señora y yo. Amadís de Gaula pagó el tributo a la flaqueza, es verdad, cuando tuvo encerrada a la sin par Oriana en el castillo de Miraflores; pero lo puesto en razón es que imitemos las virtudes y desechemos los desvíos del modelo que sirve de norma a nuestras acciones. Si supieras que Roldán, Reinaldos de Montalbán y otros famosos caballeros pasaron a mejor vida sin haber perdido la inocencia, no me preguntaras lo que me preguntas.

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